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Premios y Castigos en la Educación Infantil

La recompensa y el castigo en la educación infantil son dos recursos comúnmente utilizados por los adultos en la educación de los niños. Ambos tienen como propósito ir moldeando su conducta a base de premiar o solucionar determinados comportamiento. En edades tempranas, este tipo de medidas son bastante efectivas, sobre todo cuando es difícil de explicar por qué debe realizar algo o por qué es aconsejable que no lo haga. Mediante un premio se le puede hacer que esa acción es apropiada y por el contrario, a través de una sanción o de la retirada de algo especialmente aprendida el niño, le indicamos que no debe realizar dicho acto. La administración de premios o castigos es provechosa, pero hay que tener mucho cuidado y no realizarla constantemente y de forma indiscriminada, ya que las
consecuencias pueden ser muy negativas. En lo relacionado con las notas escolares y el estudio es frecuente utilizarla como forma de apremio o de sanción. Hay que considerar que el niño en su actividad escolar, al igual que el adulto en su tarea profesional, necesita unos resultados materiales que le sirven de aliciente y el reconocimiento de su progreso en los estudios. Sería erróneo pensar que para la aplicación en el estudio basta la satisfacción del cumplimiento del deber y el estímulo de la conciencia moral.

¿Recompensas y castigos?
Muchas veces, asociamos inmediatamente la palabra premio con la compra de un objeto al niño y el castigo con el común palmazo. Sin embargo, estos dos puntos son más amplios y tienen una gama de posibilidades. Así, las recompensas pueden ser de tres tipos: Materiales, actividades y sociales. Las materiales: Son premiar al niño con una cosa, ya sea algo pequeño, un juego, una comida que le guste, etc. La actividad: Buscan que el niño hagan algo a cambio de que luego le vaya a dedicarse a algún juego o entretenimiento que sea de su agrado. Por ejemplo, se produce cuando se le dice al niño: cuando hagas las tareas te dejaré ir al parque. Las sociales: se refieren a todas las manifestaciones verbales y gestuales de tipo afectivo realizadas por el adulto y que consuelan al niño. En cuanto a los castigos, estos nunca deben ser de tipo físico o que humillen al niño.

¿A cómo hacer para que la recompensa tenga un papel positivo?
En principio, todo premio debe ser verdaderamente merecido y proporcionado, y tiene que constituir un estímulo. Pero, si se ha prometido una recompensa, deberá cumplirse cuando el hijo se la haya ganado. Los padres utilizan con frecuencia premios, es aconsejable que los premios disminuyendo progresivamente y que se sustituyan por otras formas de recompensa, como puede ser animar y motivar al hijo para que encuentre satisfacción en el estudio por el enriquecimiento personal que le proporciona y no por los objetos materiales que consigue tras realizar conductas adecuadas.

¿Es bueno premiarse las buenas notas?
A todos nos agrada recibir un regalo, y los padres están en su derecho de proporcionar a su hijo esta satisfacción. Sin embargo, condicionar un regalo a un determinado comportamiento no es la forma más positiva de educar. Premiar las buenas calificaciones parece un pequeño chantaje que puede, en muchos casos, aumentar la presión sobre el escolar. Es normal que ante las buenas calificaciones los padres sientan la necesidad de recompensar al niño de alguna manera. Pero si esta buena intención se convierte en costumbre, puede ser contraproducente. Además, hay que tener siempre presente que es muy difícil ser justo en el momento de premiar las calificaciones. Hay niños que se esfuerzan mucho y sin embargo sacan notas mediocres. Por otra parte, puede fomentarse una actitud materialista en el hijo, llegando al extremo de que éste se niegue hacer cualquier cosa si no es recompensado. El pequeño debe estudiar y esforzarse por lograr superarse cada día más y no por el interés de conseguir algo material.

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