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Celos entre Hermanos

En el proceso de formación de la personalidad del niño, ejercen su influencia, directa o indirectamente, todas las personas que conviven o se relacionen en mayor o menor grado con él. En este sentido, el hecho de que en la familia existan o no otros-hermanos, cobra una especial importancia. Como podremos ver más adelante, la personalidad de un niño adquiere características peculiares según si es hijo único, si tiene otros hermanos, según el lugar que ocupe entre ellos y si los hermanos son del mismo sexo o de sexos distintos. Si bien los padres representan el primer modelo social para el niño, la convivencia con otros hermanos le permite experimentar de un modo práctico las primeras relaciones sociales. Entre hermanos le suelen aparecer las primeras vivencias contradictorias que surgen del mismo afecto que le ejercen. Los celos, las discusiones y las peleas entre hermanos no son más que un intento de confirmar
su identidad dentro del grupo, y que ellos se encuentran dispuestos de hacer causa común para defenderse. La actuación de ambos padres debe estar destinada a que exista el mayor equilibrio posible y convivencia entre los hermanos, procurando primero tratarlos de forma igualitaria sin preferencias por nadie. 

Cuando se quiere a los hijos por igual, cuando se les comprende y ayuda de acuerdo a las necesidades de cada uno, cuando de ser justo e imparcial, se está haciendo todo lo necesario para que entre los hermanos existan unas relaciones presididas por el amor fraterno, lo cual no evita que a menudo se desaten tempestades tan intensas como pasajeras. 

Al analizar la crisis de celos, como alteración del comportamiento, creemos conveniente insistir en la necesidad de tomar las medidas adecuadas para prevenir las crisis de celos a través de actitudes naturales y afectuosas. Cuando surgen los celos entre hermanos, debe estudiarse atentamente la actitud de cada uno de ellos para llegar a conocer en profundidad sus auténticos sentimientos, pues a partir de crisis de celos no superadas pueden persistir resentimientos que se manifestarán de algún modo en la edad adulta. 

Para que entre los hermanos exista un correcto equilibrio emocional, es necesario que exterioricen sus rivalidades. Este es el modo de poder comprobarlos verdaderos sentimientos cada hijo, lo cual permitirá adoptar modos de conducta buenos para todos. Una postura única para todos no siempre es buena, ya que no todos los hijos están necesitando el mismo trato. Es más normal y mejor hacer diferencias siempre y cuando estén justificadas por un razonamiento y no por un tema afectivo. 

Si los padres favorecen a alguno de sus hijos porque prefieren a los demás, los otros hijos se sentirán perjudicados. Desde este punto de vista, actuar justamente para cada hijo resulta francamente difícil, porque los niños tienen necesidades afectivas distintas, pero ante los conflictos que puedan surgir de este hecho, lo más efectivo serán siempre las explicaciones y el diálogo franco y abierto. 

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