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Algunas pautas para familiares con adolescentes y jóvenes problemáticos


En lo que se refiere a los problemas de comunicación con un hijo o hija u otro familiar, ésta -la comunicación- va guardar relación con el clima de convivencia e interacción. En este sentido, urge considerar un trabajo intenso a este nivel, en razón a que los problemas que existe dentro del sistema, generalmente se mantienen y se consolidan por la falta de comunicación e interacción. Sin embargo, es cierto que estos patrones de convivencia de carencia comunicacional, no necesariamente aparecen como producto de determinados comportamientos de riesgo, como: fugas del hogar, crisis de la adolescencia, consumo de drogas, entre otras, ya que en numerosas familias este aspecto deviene de
mucho antes del inicio de la conducta problema. En estos casos, lo que ocurre es que, por ejemplo, simultáneamente al consumo de drogas la carencia de comunicación entre la familia se acentúa y, finalmente se neutraliza. De esta manera, en el sistema familiar se encuentran alianzas, coaliciones, sub-grupos, co-dependencia, duelos, etc. A través del presente artículo se intenta dar algunas pautas prácticas a aquellas familias que presentan problemas de índole comunicacional. Estas son: 
  1. En lo posible tratemos de ser directos, claros y francos con nuestra pareja e hijos.
  2. Compartir nuestras emociones grupalmente (alegrías, tristezas, tranquilidad, miedo, ansiedad, triunfos, etc.), dado que fortalecen los vínculos de fraternidad.
  3. Si los hijos nos confían sus problemas o intimidades, debemos de reaccionar con cautela, guardando celosamente sus confidencias.
  4. Incentivar hábitos de higiene, respeto, honestidad, de estudio y deporte; así como la formulación de objetivos y metas a corto y largo plazo.
  5. Respetar las ideas y opiniones de los miembros de la familia. Tener en cuenta que cada uno de ellos merece respeto y consideración.
  6. Si enfrentamos "grupalmente" los problemas cotidianos, tenemos mayores posibilidades de encontrar salidas, toda vez que el apoyarnos mutuamente fortalece a la familia. 
  7. No siempre tenemos razón con respecto a nuestras ideas y concepciones. Ser extremista en nuestras actitudes no es lo más adecuado. La flexibilidad o la tendencia al equilibrio actitudinal puede ayudarnos a tener una fluida relación entre padres e hijos y viceversa.
  8. Si algún miembro de la familia se equivoca o suele cometer errores, lo razonable es no criticar. Más bien debemos reflexionar y aceptar que todos hemos pasado por situaciones similares. Ridiculizar, castigar, o comparar con alguno de los otros hermanos, no es lo correcto.
  9. Si nos enfrentamos con el caso de no poder resolver un problema, debemos considerar la posibilidad del apoyo de un profesional (consejero, educador, psicólogo, psiquiatra, sacerdote, etc.), quienes si bien no tiene recetas, podrán aclarar dudas a través de la consejería especializada.
  10. El comportamiento humano en buena cuenta es aprendido, en tal sentido la familia tiene una cuota grande de responsabilidad en la estructuración de la personalidad del púber y adolescente.
  11. Es necesario la protección hacia nuestros hijos. Sin embargo, pasar a una marcada sobreprotección (relación simbiótica), resulta dañina, ya que incentiva comportamientos inadecuados en el niño, púber o adolescente.
  12. Los adolescentes y jóvenes deben de tener sus propias experiencias, donde los errores son esperados. Sin embargo, los consejos, actitudes, modelos y experiencias de los padres, resultan valiosos en la medida que los comprendamos en el sentido amplio de la palabra y sepamos involucrarnos en el mundo de ellos.
  13. Toda familia debe tener normas y reglas claramente establecidas y delimitadas. Las mismas deben ser cumplidas en primera instancia por los mayores.
  14. La vocación por tal o cual profesión, parte del púber o adolescente. Podemos sugerir ideas al respecto, más no imponer apoyándonos en lo lucrativo de la profesión o por el hecho de haber tenido relativo éxito en la nuestra.
  15. Los padres deben llegar a acuerdos y negociaciones, exponiendo argumentos sólidos y "escuchando", igualmente, al adolescente o joven.
  16. La toma de decisiones de los padres debe ser compartida por ambos. La descalificación de uno de los padres hacia el otro genera confusión y manipulación de parte del hijo.
  17. La interacción con nuestros hijos no debe circunscribirse al señalamiento del cumplimiento de deberes o bien del colegio o de la universidad, más bien intentar darles afecto: escucharlos, respetar sus opiniones, dar amor, abrazarlos, reforzarlos por sus buenas acciones, etc.

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