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Tristeza y Depresión

Decimos que alguien está deprimido cuando observamos que pierde el interés por la vida o que su estado de ánimo negativo y abatido es muy notable, aun cuando tal vez sus circunstancias personales no son demasiado adversas, interfiriendo notablemente con sus actividades, haciendo que diminuya el gusto por el trabajo, el estudio y las rutinas diarias, dificultando las relaciones con los demás. Si este cuadro llega a ser muy severo algunas personas se aíslan, llega a mostrarse indiferentes por casi todo y hasta es común que piensen en suicidarse.  Nuestra vida está acompañada de continuas variaciones en la intensidad de los estímulos, situaciones, circunstancias etc. en ciertas épocas estamos expuestos a
problemas y acontecimientos graves, como la pérdida del empleo, divorcio, separación, la muerte de un familiar cercano, el alejamiento de un ser querido o alguna enfermedad. Cada día tiene sus buenos y sus malos momentos. Ante esto resulta natural que a veces nos sintamos apáticos, tristes, resentidos y hasta disgustados como respuesta a los estímulos presentes en el estilo de vida actual, más agitado y exigente que hace algunas décadas. No obstante, estos periodos de apatía, desilusión, ansiedad e irritación pueden ser relativamente breves y pasajeros de acuerdo a la habilidad de la persona para afrontar la situación; recuperando poco a poco el ánimo y vitalidad. 

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) 121 millones de personas sufren de depresión. De las cuales el 5.8% se estima son hombres y el 9.5% son mujeres, los cuales experimentan al menos un episodio depresivo al año. Esta información sin embargo puede variar de acuerdo a cada población. 

Para saber si alguien sufre una depresión, se utilizan como referencia los sistemas de clasificación internacionales de trastornos mentales (CIE -10 y DSM IV-R) y de acuerdo al cumplimiento de ciertos criterios, el profesional puede determinar si la persona presenta un cuadro depresivo.  La depresión es una alteración que se encuentra dentro de los trastornos del estado ánimo, caracterizada por tristeza, pérdida del interés general en las actividades y disminución de energía. Se diferencia de los cambios normales en el estado de ánimo debido a la intensidad y severidad de los síntomas, su duración, su asociación con otras señales y síntomas clínicos y su impacto sobre el funcionamiento del individuo.

El Episodio depresivo mayor es la clasificación diagnóstica empelada para referirse a períodos de bajo estado de ánimo persistente, es decir de mas de dos semanas consecutivas, que pueden experimentarse como tristeza, irritabilidad o bien una pérdida generalizada de interés o placer, acompañados por los menos cuatro síntomas característicos. 

Los síntomas asociados pueden incluir: 
  • Perturbaciones del sueño (dormir mucho más o bien mucho menos de lo que sería normal para una persona, o sea, hipersomnia o insomnio)
  • Alteración del apetito ( de nuevo, comiendo mucho mas o mucho menos de lo que es habitual; es decir, hiperfagia o anorexia) o del peso .
  • Alteración de la actividad psicomotora (moviéndose más rápida o más lentamente; o sea, agitado o enlentecido). 
Los síntomas adicionales incluyen a menudo:
  • Fatiga o pérdida de energía casi todos los días
  • Sentimientos de inutilidad o culpa
  • Disminución de la capacidad para concentrarse e indecisión 
  • Pensamientos recurrentes de acabar con su vida. 
Al menos 5 de estos síntomas han estado presentes durante un período de 2 semanas y representan un cambio con respecto al funcionamiento previo de la persona. Debe estar presente el ánimo triste y deprimido. 
Fuente: DSM IV

La depresión mayor puede ocurrir a cualquier edad, pero su inicio es mas frecuente ahora en personas entre 18 y 44 años, especialmente entre las edades de 25 a 34.  La duración de estos episodios es, a menudo, variable, si estos no son tratados pueden durar entre 6 y 24 meses. Sin embargo cuando este episodio dura más de dos años sin un periodo de dos meses de remisión significativa de los síntomas es denominado Trastorno depresivo mayor. 

¿Cuáles son sus causas?
Son diversos los factores que pueden desencadenar una depresión, como los ambientales (situaciones adversas o estresantes, por ejemplo: separación de seres queridos, pérdidas materiales, dificultades labores o familiares, etc.) y los biológicos (alteraciones neuroquímicas); sin embargo existen elementos cognitivos (pensamientos, esquemas o creencias erróneos e irracionales) que desempeñan un papel fundamental en el origen y mantenimiento de la depresión.

Dentro de los principales enfoques explicativos de la depresión se encuentra el modelo cognitivo, en el que se explica que la forma en que las personas piensan y perciben su mundo tiene una influencia importante sobre la manera como se siente. Cada persona puede reaccionar de modo diferente ante el mismo acontecimiento debido a que pueden interpretar la situación de diferente manera. 

En las personas deprimidas, los pensamientos giran alrededor de puntos de vista negativos, y a menudo imprecisos, sobre sí mismos, su mundo y su futuro (triada cognitiva). Por lo general se ve a si mismo como una persona inútil, inadecuada, incapaz y socialmente incompetente. Para el o ella el mundo esta lleno de obstáculos y de problemas sin solución. Asimismo el futuro se ve negro, sin esperanza. Son estos pensamientos los que explican gran parte de las emociones y comportamientos que se presentan tales como apatía, indecisión, desamparo, fatiga, etc. 

Generalmente estos pensamientos negativos son automáticos, siendo estos los que llevan a la activación emocional, experimentándose como involuntarios e “invasores”, estos pensamientos son muy rápidos, dando la impresión de que solo existe la emoción ante una situación específica, sin percatarse que son los pensamientos negativos los que afectan la forma de sentir y comportarse. La persona tampoco se da cuenta del proceso de interpretación errónea que existe ante la situación, por ejemplo puede interpretar: “nadie me quiere”, ante el rechazo de una petición hacia un amigo o familiar, en lugar de observar la evidencia: “esta persona rechazo mi petición” ( y no necesariamente significa que no me quiere, ni que nadie me quiere).

Entre los pensamientos que puede presentar una persona deprimida están por ejemplo: “Soy un fracasado”, “no hay esperanza”, “no soy bueno”, “mi vida es una basura”. Ante estos pensamientos respuestas como llorar y sentirse triste son consecuencias muy lógicas. De la misma manera, el estado de ánimo negativo, afecta nuestros pensamientos. 

También es usual que las personas deprimidas traigan mas fácilmente a la memoria recuerdos negativos congruentes con su estado de ánimo y tiendan a descartar o minimizar la información contraria o más positiva. Lo que existe es un erróneo procesamiento de la información relacionados a las opiniones negativas de si mismo.

¿Qué hacer ante la depresión?
Con frecuencia se puede pensar que la depresión “puede irse sola”, sin embargo es importante consultar con un profesional ante la aparición de cualquier síntoma que esta prolonga su duración y que comienza a afectar nuestras actividades diarias. Si esto es leve, también resulta conveniente recibir orientación profesional para prevenir la aparición de un cuadro severo. La probabilidad de alguien que ha tenido un episodio depresivo que se “curó solo” vuelva a tener otro es alta, mientras que si la persona acude a psicoterapia, la probabilidad disminuye significativamente.  La reeducación emocional brindada por un profesional es conveniente en cualquier momento de la vida, puesto que contribuye a mejorar el manejo de las situaciones estresantes o difíciles, evitando la aparición de un cuadro depresivo o cualquier otra alteración de salud mental.

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