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¿Como debo actuar ante un hijo con dependencia a las drogas?

En la consulta es una de las preguntas más comunes al recibir a familiares con hijo o hija, quien lamentablemente ya presenta la enfermedad adictiva al alcohol u otras drogas.  El hecho es que cuando los padres acuden a pedir ayuda es cuando ya agotaron la mayoría de las alternativas de intento de control, atenuación o neutralización del comportamiento, generalmente incontrolable del adicto o adicta. A este nivel los dependientes de drogas suelen haber asumido conductas de violar las normas o reglas de la casa, falta de respeto, fugas del hogar, rebeldía; pasando por comportamientos de mentira sistemática, robo, manipulación, cinismo, chantaje, agresividad, irresponsabilidad, terminando en muchos casos con
enfrentamientos físicos y descalificación a los padres y hermanos. Por el lado físico, dependiendo de la droga que venga consumiendo el adicto, puede presentar deterioro físico, es el caso de una marcada delgadez, desaliño, descuido en el aseo, caries dental, entre otras consideraciones de orden físico. Es obvio que la dinámica o interacción, comunicación, roles familiares, entre otros aspectos inherentes a la familia, se ven seriamente afectados. Es decir, la dependencia a las drogas desestabiliza a la familia, llevándola a una gradual destrucción tanto como estructura como de modo de vida. En un intento de responder a la pregunta planteada en el presente artículo, podemos decir, señores padres de familia, que si nos apoyamos en la práctica de la terapia familiar, las siguientes reflexiones y pautas les pueden ayudar, remarcándoles que no son fórmulas:
  1. Al realizar el análisis de la demanda del o los consultantes con hijo o hija drogodependientes del alcohol u otras drogas, se comprueba que las actitudes o formas de trato y reacción comunes en ellos son de un lado, de enfrentamiento rutinario, agresividad, castigo (en casos no tan infrecuentes, se ha llegado a amarrarlos, enclaustramientos riguroso, vejámenes, ayuno, hasta el daño físico). Del mismo modo, comparación con sus hermanos (según los padres modelos o ejemplos), sentimientos de vergüenza del hijo, hasta, finalmente, expulsiones de la casa.
  2. Por otro lado, muchos otros padres han tratado de controlar la conducta del enfermo con una actitud de seguir creyendo en ellos, permitir el ocio, pagar sus deudas, proporcionales fácilmente dinero, alimentación y comida, benevolentes, pasivos, permisivos, sobre protectores. En este mismo sentido, otros suelen asumir que sólo la "fuerza de la voluntad" hará que el adicto o adicta deje la o las drogas, llegando al extremo -en no pocos casos- a comprarles la droga, argumentando que lo hacen "para que no salgan de la casa", entre otras actitudes.
  3. Finalmente, en este contexto también se encuentran numerosos casos, donde precisamente la familia cercana del adicto (a) no acude a la consulta. Más bien se trata de personas más o menos cercanas a la familia o no pertenecientes al sistema familiar. Aquí se percibe una actitud de no aceptación de la enfermedad adictiva, se justifica la conducta, a veces por el hecho que también el padre, la madre u otro hermano (a) o alguno de ellos, igualmente, son adictos a las drogas. Quizás se podría resumir este comportamiento como la política del avestruz "dejar ver dejar pasar". Asimismo, se escucha argumentos como "así como él se metió sólo, sólo tendrá que salir del problema" o "la fórmula para que deje la droga es que trabaje", etc.
  4. Es cierto que puede haber otras actitudes; sin embargo, es posible que las tres más frecuentes son las que acabamos de revisar. En todo caso, cuál o cuáles deberían ser nuestras actitudes como padres o familiares que faciliten no sólo una convivencia llevadera con el adicto o la adicta, si no que eventualmente hagamos que "toda la familia", incluyendo el o la paciente, nos sometamos a tratamiento:
    • El primer paso es la aceptación que tenemos un enfermo adicto a las drogas.
    • Este hecho nos debe de unir a toda la familia e incluso a algunos otros familiares, por cierto, celosamente seleccionados. La idea es ir conformando una red de trabajo y apoyo para los esperados períodos de crisis cuando hay adicción a drogas.
    • Los padres deberían uniformizar sus actitudes (tratar de ponerse de acuerdo) y comportamiento frente al adicto. Por lo tanto la familia debería hacer un bloque o dique para evitar los comportamientos manipuladores y de agresividad entre otras conductas esperadas en la drogadicción.
    • Buscar ayuda profesional calificada. Recordar que no es un requisito llevar al adicto o adicta al establecimiento de salud elegido. Para iniciar la terapia y el tratamiento, este puede iniciarse con la participación activa de la familia sin la presencia del enfermo.
    • En casos de pacientes con consumo crónico (consumo de muchos años), donde es frecuente encontrar conductas delincuenciales, urge trabajar la parte policial y judicial, como quiera que en numerosos casos se ha observado que los drogodependientes llegan a ser un peligro y ponen en riesgo la integridad física de los padres y hermanos menores.
    • Ser cautos al elegir el establecimiento donde acudiremos, recordar que se trata de una enfermedad que deberá ser abordada por un equipo interdisciplinario (varios profesionales).

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